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Relación hemoglobina - hematocrito, ¿Mito o realidad?

La relación hemoglobina (Hb) - hematocrito (Hto), consiste en calcular el valor de la hemoglobina al dividir el Hto entre un factor, usualmente entre 3,0 a 3,3, y la relación inversa de obtener el Hto a partir de multiplicar la concentración de Hb por dicho factor.

Esta relación matemática se cumple en individuos “normales”, con valores “normales” de Hb y Hto, y está descrita en una gran cantidad de libros de hematología (1,2), sin embargo su uso dentro de la rutina del laboratorio clínico es inaceptable.

Desde el punto de vista matemático se puede establecer una gran cantidad de relaciones en todos los aspectos del saber. Por ejemplo, es posible estimar la talla de calzado a partir de la medida del antebrazo. Esta relación matemática se cumple en la mayoría de los individuos “normales” de pie y antebrazo, pero en aquellos que sufren trastornos de crecimiento o fractura de estos miembros, esta relación puede perderse.

¿Usted sería capaz de comprarse un par se zapados indicándole solamente a la vendedora la longitud de su antebrazo, o midiendo este zapato en su antebrazo?, lo dudo, aunque usted conozca la talla de su zapato siempre se lo probará, ya que existen otros factores que influyen al momento de elegir un calzado, tales como el empeine o la robustez del pie.

La relación Hb–Hto se utiliza para estimar uno de estos analitos, pero es simplemente una apreciación, que solo se cumple en individuos “normales” desde el punto de vista hematológico, individuos con Hb y Hto “normal” y glóbulos rojos “normociticos–normocrómicos”. De manera tal, que en condición de anemia esta relación puede dejar de cumplirse, así como en condiciones en la que los glóbulos rojos dejen de ser normocíticos–normocrómicos.

En la práctica clínica el paciente desconoce sus valores de Hb y Hto, desconoce la morfología de los glóbulos rojos, y requiere que el laboratorio le dé una medición objetiva de estos. El laboratorio por su parte también desconoce los valores de Hb y Hto del paciente, pero los obtendrá a partir de sistemas analíticos basados en metodologías manuales o automatizadas, según su disponibilidad. Una medición objetiva requiere de una calibración del sistema analítico empleado. Los calibradores de los autoanalizadores hematológicos pueden no cumplir con la relación Hb-Hto, por lo cual resulta inapropiado forzar a que el calibrador cumpla con esta relación y por ende la calibración del instrumento.

Peor aún resulta el forzar a que los resultados cumplan con la relación Hb–Hto planteada, “induciendo” a los técnicos a modificar los factores de calibración. Si se modifican los factores de calibración para que la relación se cumpla, estamos extrapolando ésta relación a todos los resultados que se obtengan por este instrumento, obligando así a que se cumpla la relación Hb–Hto. ¡Lo que sería el equivalente a una zapatería que vende zapatos solo por la talla obtenida del antebrazo!, sin derecho a reclamos.

Esta situación la conocen la mayoría de los técnicos que calibran los autoanalizadores y muchas compañías hoy en día consideran esta práctica inaceptable. Sin embargo acceden a la petición del bioanalista, ya que es éste, a través de su firma, quien da fe de la objetividad de esos resultados, y es el único responsable legal de las pruebas realizadas.

En la práctica clínica, la función del laboratorio clínico es valorar de manera objetiva los diversos analitos de interés clínico, por lo que forzar a que se cumpla la relación Hb y Hto en las muestra de pacientes, se pierde la objetividad en los análisis realizados. Además el factor empleado varía mucho entre los diferentes laboratorios. El valor teórico referido en los libros es 3,0. Sin embargo en nuestro país ese valor va de 3,2 a 3,3, producto de una “tropicalización” de la cual hasta la fecha no he encontrado soporte bibliográfico.

Las consecuencias de forzar la relación Hb–Hto son diversas y depende de la “manipulación” que se le realice a los factores de calibración. Van desde subestimar la Hb, aumentar el VCM o reportar valores disminuidos de CHCM, de manera sistemática para todas las muestras procesadas por este instrumento.

Existe otra relación entre la Hb y el Hto que sí tiene validez clínica y se cumple en todos los pacientes, y no es otra que el CHCM (CHCM= (Hb (g/dl) / Hto (%)) x 100), la cual nos da una medida global de la cantidad de hemoglobina contenida en los glóbulos rojos, y resulta extremadamente útil para conocer si éstos son normocrómicos o hipocrómicos. Este índice es la clave para la clasificación morfológica de las anemias, que realiza el clínico para orientar el diagnóstico de la misma. Cuando en el laboratorio fuerza la relación Hb–Hto, por defecto también se fuerza la relación Hb–Hto de importancia clínica, el CHCM, y una vez más se pierde objetividad.

Es posible reportar una Hb de 12,0 g/dl (120 g/l) y un Hto de 33,0% (0,33). Si lo duda quiere decir que en su “sistema operativo” aún prevalece la relación Hto = 3,2 x Hb. Usted puede reportar este valor sin ningún inconveniente ya que la relación Hb–Hto que importa (CHCM = 36,0 g/l (360 g/l)) se encuentra dentro un valor normal (CHCM 32,0 a 36,0 g/dl (320 a 360 g/l)).

Le recomiendo que realice el siguiente ejercicio. En la siguiente tabla calcule el valor de CHCM a partir de los valores de Hb y Hto suministrados

Hb (g/dl) Hto (%) CHCM (g/dl)
12,0 32,0 38,0
12,0 33,0 36,0
12,0 34,0 35,0
12,0 35,0 34,3
12,0 36,0 33,0
12,0 37,0 32,0
12,0 38,0 32,0
12,0 39,0 31,0
12,0 40,0 30,0
12,0 41,0 29,0
12,0 42,0 29,0
12,0 43,0 28,0

Observe que en los extremos encontrará valores de Hb y Hto que no cumplen la relación Hb–Hto, pero el CHCM aún se encuentra dentro del intervalo de referencia biológico recomendado (32,0 g/dl a 36,0 g/dl).

Ahora construya una tabla similar a la anterior, pero esta vez fije el valor del Hto y modifique el valor de Hb. Encontrará que la gama de resultados con CHCM “normales” son mayores. Es importante recordar que los valores de CHCM tampoco se deben forzar, cuando estos son anormales indican que algo sucede con el contenido de Hb de los glóbulos rojos.

¿Usted aceptaría que la vendedora de la zapatería le obligara a comprar el zapato según la medida de su antebrazo? Entonces evitemos el mito de la relación Hb–Hto y dejemos de obligar a que la Hb y el Hto del paciente cumplan con la relación.

Alfredo Gallardo

gallardo@bioanalisisaldia.net

Junio de 2007

Referencias:

  1. Stine-Marti AE, Lotsperch-Steininger CA, Koepke JA. Clinical Haematology: Principles, procedures, correlation. 2 Ed. Lippincot USA 1998 (Página 113)
  2. Mc Kenzie S. Hematología Clínica. 2 Ed. Manual Moderno. 2000 (Página 116)